lunes, 16 de marzo de 2009

Schadenfreude

"La gente siempre se está muriendo, men; ¿cómo no va a ser buen bisnes?" se fue convirtiendo en algo así como su lema. Y es que, a Armando el negocio del panteón le había caído de pura suerte. Hacía unos cinco años que se lo había dejado en herencia un tío que pasó a rellenar uno de sus propios lotes. Él tan sólo tuvo que llegar, firmar papeles, y encontrarse un bar simpático, para comenzar a decir "Armando Quiróz Herrera, un gusto, mi tarjeta, Funeraria Jardines; guárdala bien, que ya verás que la vas a necesitar, men". Y fue así como lo conocí yo; entre ron, cigarrillos rubios y constantes "recomiéndame con tus amigos".

Y a partir de entonces comenzó la algarabía de las reuniones, las decenas de botellas de Antillano, los cigarrillos quemados, los tacos de madrugada, la interminables pláticas sobre política, economía, evacuaciones involuntarias y sobre añejos recuerdos de los Bitles. Luego, escucharlo cantar de memoria el sountrack entero del Libro de la Selva con su voz de tenor y su guitarra sorda, y corearle canciones de Jose Alfredo, y despertar en el sillón de su casa para desayunar chettos del cenicero. Todo fue fiesta, todo fue vino, todo fue cerveza con cigarrillos kents, y desveladas, y crudas, y todo fue, en fin, una excelente serie de noches que se detuvieron el día en que se le perdió un muerto. El primero de ellos.

1 comentario:

Gabrielle Q. dijo...

Se les pierde más de un muerto?
Quiero más historia del muerto.
Intrigada, otra vez.


Armando Quiróz =)


Algo así como una mezcla realidad-ficción, no?