domingo, 21 de diciembre de 2008

Humberto Peña

La mañana del domingo 21 de Diciembre, Humberto Peña decidió escribir un cuento donde se refiriera a si mismo en tercera persona. Siempre, desde chico, había apreciado a los autores que podían, sabían y hacían eso. Esa especie de confesión con un deje de como quien no quiere la cosa, llevó a Humberto Peña a decidirse a hablar de Humberto Peña.
Y ya estaba Humberto Peña comenzando a escribir de aquella ocasión en que Humberto Peña soñaba que era entrevistado por Charlie Rose -donde, por cierto, hablaba con un excelente acento británico- cuando, de repente, cayó en cuenta de lo ridículo que se sentía hablando de sí mismo en tercera persona. No podía ser así. Humberto Peña se tomaba demasiado en serio como para escribir de sí mismo en tercera persona, como para mostrarse sin los velos de la ficción, o como para exponerse a su desnutrida audiencia de lectores fijos como el ser inseguro, acomplejado, sensible y, sobre todo, real que era. Porque, hay que aclarar que Humberto Peña todavía guardaba la ilusión de que algunos de sus asiduos lectores creyera sinceramente que Humberto Peña era un ser inexistente, una fantasía si se quiere, una especie de duende del internet que de cuando en cuando publicaba cuentos, subía vídeos y despotricaba contra el mundo desde la comodidad de su blog. Pero no, Humberto Peña existía. Orinaba, fumaba, comía, tenía traumas de la infancia, tomaba con sus amigos, rompía cosas, se mojaba en la lluvia; cosas así que lo hacían sentir vivo. Pero una de las constantes de su vida (psicológicas, me refiero; por que el latido de su corazón, la actividad de la respiración y el continuo trajinar estomacal responden más a la rutina biológica que a la noción de estar vivo) había sido siempre el miedo al ridículo. El no hacer gestos demasiado bruscos, demasiado obvios, el no sonreir demasiado, el no hablar nunca mucho, ni muy fuerte, ni muy comprensible, ni gritar nunca, ni demostrar cuando tiene frío, o miedo, o ganas de ser abrazado, el no escribir nunca algo que no fuera lo suficiente serio, clásico, modulado, el negarse a arriesgar demasiado; todo por miedo al ridículo. Y después de darse un tiempo para pensarlo, la tarde del 22 de Diciembre, Humberto Peña decidió no escribir sobre Humberto Peña.

2 comentarios:

stella marine dijo...

que bueno que decidió no escribir sobre humberto peña, hubiera sido todo un desastre.


en cambio esto, resultó bonito
jaja
:)

Anónimo dijo...

Te quiero, acomplejadito.

Z.G.