lunes, 5 de enero de 2009

Desde un balcón



Era idéntica, lo juro, a la chica de la portada del DVD de "Los amantes del círculo polar". Ana se llamaba la muchacha en la película, y si tengo una hija se va a llamar igual.
Fueron tres las cosas que se sucedieron muy rápidamente y que vinieron a cambiar mi vida.
La primera fue mi primo Lalo. Él, tan raro él, vino a presntarme Amelie mientras comíamos hostias con salsa valentina. Y ahí fue descubrir colores, y olores, y formas, y tomas, y cine, un cine que venía a ser completamente nuevo para mí.
La segunda era una muchacha, la primer muchacha de mi edad con la que podía platicar. Fue un shock tremendo. Es cierto, no era particularmente bonita, pero en esos tiempos yo no sabía que rara y linda coincidían más de lo que uno esperaría. La chica en cuestión, y un servidor, empezamos a andar, y a los diez días ya no éramos vírgenes. Veníamos de acabar de cumplir quince.
La tercera y última viene a ser consecuencia de la segunda: Ver "Los amantes del círculo polar". Todavía no le encuentro una razón de ser a esto, pero esta película vino a cambiarme la vida. Quizá después de verla fue cuando comenzé a ser un poco más romántico, más dramático, más cargado de nostalgia. Gracias a esta película conocí a mi mejor amiga, escribí el más cursi de mis cuentos, hice el más cursi de mis actos, y, hasta el momento queda alguna que, cuando estoy a punto de entrar por su ventana, manda un mensaje en que dice y repite "valiente".

Lo primero que hice fue preguntarle "¿Cómo te llamas?" desde el balcón de la prepa; quería que se llamara Ana, me hubiera caído muerto si se hubiese llamado Ana, era idéntica a Ana, tenía el corte de Ana, el rímel de Ana, lo triste de Ana, y debía llamarse Ana, no era para menos. Pero ella contestó "Sandra", y lo contestó con una sonrisa que Ana nunca habría tenido, pero Sandra la tenía y -qué le vamos a hacer- me enamoré sin quererlo.

Y luego, bueno, excusas para bajar a su salón, y hablarle de repente, y enterarnos de que cumplíamos años el mismo día, y descubrir que su mejor amiga se hizo la mejor amiga de mi novia, y salir los cuatro juntos, y decir "carajo tengo novia, mi primera novia, y me estoy enamorando de otra al mes de andar con ella", y decir siempre "mira, ahí vive Sandra" cuando pasábamos por su edificio, y soñar con ella, y sentirme mal cuando no aparecía por la escuela, y sentirme perdido cuando en segundo semestre se cambió de prepa, y no saber qué hacer en mis recesos cuando me faltaba, y admitir que es feo que, mientras más la conocía, más me desenamoraba, pero más la quería, carajo, y que su padre reconozca siempre mi voz al teléfono, y que la odiara de vez en cuando, sobre todo cuando me daba cuenta que si yo no la visitaba, ella no haría ningún esfuerzo por verme, y fumar en la ludoteca mientras cantábamos High & Dry en la versión de Jorge Drexler, y verla llorar por primera vez por un imbécil, y alegrarme de haber llevado mi saco ese día, y que ese saco sea el más grande de mis tesoros, y perderle la pista por casi un año, y ver los Amantes y caer en cuenta que la quiero tanto.
Y ahora salgo a fumar al techo de mi casa (mi secreto baluarte para el tabaco) y espero, o sueño, con que ella salga también a fumar al balcón de la suya.

3 comentarios:

stella marine dijo...

aay, te digo de nuevo "qué bonito"

y digo también que como quiero yo también a esa sandra :D

stella marine dijo...

mi comentario anterior se escucha muy chistoso, ahorita que lo volví a leer.

Reiben dijo...

Yo hice lo mismo, hace diez minutos, con mi Michelle. Pero ella me enseñó "Amantes del círculo polar" a mí.